14 noviembre 2009

Cine e Industria

Cine es arte.
Arte no es ciencia exacta, por ello, entra en el campo de lo mayormente subjetivo.
Es decir, 2+2=4 nunca va a cambiar, mientras que, el paradigma de producción, técnica y contenido (sobre todo contenido) está sujeto a cambios constantes y necesarios.

Constantes porque a medida que las generaciones de creadores van apareciendo y tomando parte de las anteriores, y eventualmente, sus lugares dentro de la contemporaneidad se cambian los cánones y paradigmas.
Estos cambios responden a una constante casi universal del sistema artístico. Existe en las generaciones frescas una "rebeldía" y una necesidad de desprendimiento y mejora de lo anterior, ocasionada por la búsqueda de identidad y autenticidad consciente e inconsciente, pero también, por una necesidad natural e inevitable de ajustar el contenido al tiempo en el que se vive.

Es así como al igual que la chispa, el comburente y el combustible hacen posible el fuego, el discurso corresponde a la época y la forma corresponde al discurso, así como a la búsqueda de lo nuevo.
Sin embargo, si alguno de estos elementos no está pensado en relación con los otros dos, entonces la desunión causa una incongruencia y una obra que envejecerá muy rápido, o habrá nacido vieja, y tal vez después del paso del tiempo se le otorgará el valor que podría merecer.

Poniendo un ejemplo que he usado muchas veces con anterioridad: Los pintores Impresionistas, en su momento reaccionaron ante la pintura académica, más tarde, surgieron movimientos que reaccionaron ante la pintura Impresionista y así sucesivamente.

Es el movimiento de las artes.

Necesario, porque por naturaleza la renovación conserva la frescura y el interés. De hecho, no puede imaginarse una situación en la que no haya una renovación.
Por naturaleza, el arte lo tiene.
Uno no puede quejarse de la variabilidad y el "avance" (El arte no "evoluciona", pero si "avanza")
Esto es un síntoma de la senilidad intelectual de quien está acostumbrado a un entorno y paradigma, pero no puede adaptarse al siguiente.

Sin embargo, puede criticarse la falta de elementos, la calidad y la posible pretensión de la obra.

El cine es una industria, al igual que la pintura lo fue en tiempos de Van Gogh, y la escultura en tiempos del Imperio Romano.
Es lo que mantiene vivos a los realizadores porque les da de comer, es lo que mantiene el interés del público, sin embargo, no es lo que mantiene "fresco" al cine, por tanto, puede decirse que realmente no es lo que lo mantiene vivo.
Hay una relación simbiótica entre la industria y el arte en el cine.
El arte mantiene "fresco" al cine, estableciendo nuevos paradigmas y cánones, mientras que la industria los explota para vender. Entre los dos factores, el cine se mantiene vivo.

Estas dos formas de hacer y llevar el cine deben vivir juntas, y el realizador debe saber diferenciar en que momentos usar un sistema de producción o el otro.

Es un lugar común que entre nosotros, los estudiantes de cine, queramos establecernos a nosotros mismos un sistema de producción similar al industrial, es decir, con subdivisiones ridículas y excesivas de trabajo, rutas de producción que no vienen al caso, cantidad exagerada de equipo técnico y una gran cantidad de factores que solamente sirven para intentar aproximarse a un sistema que no nos corresponde por naturaleza, y al no ser parte de la esencia de nuestro trabajo, termina siendo contraproducente para nuestro contenido y por tanto, a nuestra contribución inconsciente al avance del arte.

Ese mismo patrón de "estudiantes de cine" se repite muchas veces a gran escala en países en vías de desarrollo y con poca producción cinematográfica. Condicionados muchas veces por factores externos, como el "casi-monopolio" de las empresas extranjeras sobre la distribución y la recaudación de dinero en los cines mexicanos.
La misma ingenuidad que hay en principio entre nosotros los estudiantes de cine, pasa con los productores en un país con poca producción y en la realidad en México y Latinoamérica.


Obviando las limitantes de nuestro cine con respecto al industrial, debo hablar de que hay ciertas libertades que tenemos, que no pueden otorgársele tan fácilmente al otro.
No estamos limitados a las imposiciones de un estudio, tanto para el contenido como para la realización del trabajo. Es más fácil lograr un cine congruente y fresco.

El cine latinoamericano exitoso y el que ha logrado un avance ha sido precisamente el que no basa su sistema de producción en el industrial.
Los argentinos han sido los que mejor han entendido esto. Pueden verse películas importantes como "La Ciénaga" de la directora Lucrecia Martel y la productora Lita Stantic, "El Artista" de Gastón Duprat, producida por Eduardo Costantini, Tore Sansonetti y Fernando Soklowicz.
Grandes películas, logran mucho con poco y con conciencia amplia de lo que se tiene y no se tiene y de como usar los recursos que hay.

Es solamente cuestión de entender esto, y lograr proyectos ambiciosos, hablando de la imaginativa y lo intelectual.
Es también una pena que como latinoamericanos, estemos siempre buscando tener un sistema que no nos corresponde. Se trata de una falta de identidad, y del deseo de ser algo que no somos. Esto es incongruente y lamentablemente, se ha ido generalizando cada vez más en las ideas de realizadores independientes e incluso instituciones.

El cine para nosotros es comercial, pero no es industria, una película se logra mejor cuando el cast y crew está comprometido con lo que está haciendo, cuando se respira un clima de camaradería, respeto y relajación y cuando se logra conjuntar un equipo de colaboradores con confianza e interés.

Los Impresionistas eran amigos, sugiero entonces buscar entonces amigos para hacer cine.
Entender que responder frontalmente a los cánones de la industria es normal, completamente válido y muy necesario para el avance del cine como arte.

Aunque ambos factores, el cine entendido como industria y el cine entendido como arte, son necesarios para el avance cinematográfico, es necesario entender que hay maneras de realizar que se amoldan bien a las posibilidades económicas. Si entendemos esto, no nos veremos tan ansiosos por entrar en una dinámica de producción industrial y podremos buscar maneras asequibles de renovar nuestro cine y dotarlo de identidad.

(Gracias Teby)

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