21 febrero 2013

Hay una cosa que siempre he querido que entiendas.

Hay una cosa que yo entiendo muy bien sobre el mundo:
No siempre puedes decir que amas a alguien. Pocas veces puedes decir que amas.

¿Por qué? Porque no siempre amas. Porque "amor" es una palabra de un significado muy grande. Porque a veces no te aman de vuelta. Porque es común valernos de mentiras y montajes, de disimular, para lograr ser correspondidos; porque se ha acuñado la palabra "conquistar" para hacerte digno de la compañía de una mujer, como si fuera una propiedad o un pedazo de tierra. Porque a nuestra psique le gusta el misterio y el peligro, son atractivos, y muchas veces el amor no lo es; el amor no es peligroso y alguien que ama no es misterioso.
Porqués hay por millares.

Es común que los cimientos de una relación no son el amor, sino la mentira. Y la mentira se tambalea, los cimientos son débiles, la casa se cae.

Es más común aún decir "me gustas", es más aceptado, es menos fuerte. Sin embargo, hay veces que no puede decirse.

Y hay una cosa que siempre he querido que entiendas:

La mayoría de la gente parece no entender lo que las palabras significan en toda su extensión. Las palabras se dicen fácil, flotan en el aire y son efímeras como burbujas que se rompen con el viento.
Pero hay palabras que se deben usar con más cuidado y selección.

La gente dice "me gustas", es muy fácil escucharlo, se dice en los antros, en los camiones, en las escuelas, en los trabajos, en los hogares, los dicen los jóvenes, los viejos, los de media edad, se dice en estado de ebriedad, lo dice gente sobria, lo dice gente drogada. Lo dice todo mundo.

Hay gente que teme al "me gustas". Otros no lo agradecen. Otros no lo regresan.
Ahora bien, nadie está obligado a regresar el gusto. Pero nadie tendría porque temer ser gustado por alguien, es una gran tontería no agradecerlo, no valorarlo.

Piensa en todo el significado de la frase "me gustas".
Dos palabras, una declaración tajante que significa que:

Hay una persona en este mundo a la que le gusta tu cabello.
Tus ojos.
Tu sonrisa.
Tu boca.
Tu color de piel.
Tu cuello.
Tu lunar en el centro de tu cuello.
Tus pecas.
Tus imperfecciones.
Tus dientes.
Tus brazos.
Tus manos.
Tus senos.
Tu ombligo.
Tu cadera.
Tus piernas.
Tus muslos.
Tu sexo.
Tus pantorrillas.
Tus pies.
Tu forma de caminar.
Tu timbre de voz.
Tu forma de hablar.
Tu forma de moverte.
Tu risa.
Tu sonrisa.
Tu felicidad.
Tu llanto.
Tus pucheros.
Tu tristeza.
Tu enojo.
Tu paz.
Tu edad.
Tu conversación.
Tu profesión.
Tu imaginación.
Tu forma de hacer las cosas.
Tu olor.
Tu forma de bromear.
Tu historia familiar.
Tus enfermedades.
Tus aficiones.
Tus virtudes.
Tus defectos.
Y todo lo que se te ocurra. Eso también le gusta.

Así que la próxima vez que alguien te diga que le gustas. Piensa en esto tan rápido como la frase suena; tienes algo así como un segundo.

Y decide si te asustas o no.

Porque después de un "me gustas", cosas buenas pasan.

Me gustas.

1 comentario:

estebangovea dijo...

Sí, Mau, pon orden Hollywood ha hecho que nuestras palabras se devalúen, lo mismo que las rolas pop.